|
Publicada en "El Día de Valladolid", el 16 de diciembre de 2009 Autor: Godofredo Garabito Gregorio. Académico vallisoletano nacido en La Mudarra en 1932, académico de número de la Real Academia de Bellas Artes desde 1984, y del Consejo de Cultura de la Diputación Provincial desde 2001. Figura fundamental en la vida cultural de la ciudad de Valladolid, ha sido diputado provincial, y ha presidido o vicepresidido múltiples organismos culturales como la Coral Vallisoletana, la Unión Artística Vallisoletana o Amigos de la Zarzuela, habiendo creado varios premios y galardones durante su período, que aún persisten en la ciudad. Se ha destacado por la colaboración en varios periódicos, particularmente "El Norte de Castilla" (de 1978 a 1992), y también de "El Día de Valladolid" (donde publica en la actualidad una columna semanal bajo el título de "Al aire de mi madre". Como pregonero de Semana Santa, ha sido el encargado de encabezar éste en múltiples ciudades y pueblos de la geografía castellanoleonesa (incluyendo Zamora, Medina del Campo, Medina de Ríoseco y Valladolid). Es el autor de la letra de distintas composiciones musicales. Ernesto Monsalve, joven y genial artista y director de la Joven Orquesta Sinfónica de Valladolid, al frente de la misma, acompañado de la soprano Cecilia Berganza, y del barítono Luis Santana ideó, dirigió y ofreció un gran concierto en beneficio de una obra social en el corazón de África. No pareciendo poco a quien esta galería escribe, debo manifestar mi sorpresa por la brillantez del concierto y por la compañía de 60 músicos que entre 14 y 30 años componen esta joven orquesta que sintió el alago de ser también presentada por el gran periodista Fernando Argenta y secundada por el sólido grupo coral de Amigos de la Zarzuela.
El marco incomparable del centro cultural Miguel Delibes, que era la primera vez que visitaba, ofrecía una brillantez sorprendente por la cantidad de público y por la juventud del mismo. Éste mayoritariamente compuesto por jóvenes y niños de corta edad.
No me llevé ninguna sorpresa con la pericia artística del joven maestro Ernesto Monsalve, ni si quiera con Fernando Argenta, aunque sí vino a mi memoria el grato recuerdo de su padre Ataúlfo en los famosos conciertos de la plaza Porticada de Santander que hace años presencié. Máxime, dado que yo seguía con mucho interés El Conciertazo en el que Fernando colaboró durante diez años en televisión.
Todo ello dentro de una gran solidez artística, un numerosísimo público, y una gran causa: recaudar donativos para atender las necesidades del proyecto de Harambee donde cinco escuelas católicas atienden a 1.800 niños en todas sus necesidades. Todo ello bajo iniciativa de la doctora Soga, y bajo la bandera patrocinadora de la Fundación Schola. Razón suficiente para mi admiración, puesto que con eficacia abre un abanico de posibilidades, no solamente para formar escolares en España, sino con la ambiciosa generosidad de proyectar esta obra social al corazón de África. Esta idea nació (...) en un ambicioso plan de proyectar el Evangelio para acercarlo a estos pueblos tan necesitados el pan físico e intelectual y trascendente. Viejo problema que Platón ya acusaba en sus circunstancias cuando afirmaba «toda melodía que expresa las buenas cualidades del alma o del cuerpo, o de las mismas, es bella…». He ahí porqué el concierto proyectado por Monsalve combinó ingeniosamente piezas de ópera y zarzuela resultando atractivas a todo público, habituado a la música o no, que degustó con gran devoción esas melodías que colgaron en la tarde invernal la frescura lírica de Mozart, Chueca o Rossini.
La brillantez de la soprano caló profundamente incluso en la infancia. No en vano, como hija de la eminente Teresa Berganza demostró ser frondosa rama del tronco que tan bellamente ha representado el canto español por distintos escenarios del mundo. En igual medida, el barítono Luis Santana, castellano y leonés por nacido en Zamora, puso el talento propio de un maestro forjado en escenarios internacionales y que, una vez más, Valladolid supo disfrutar.
Todo ello, desde mi punto de vista, fue posible gracias a la agilidad musical del joven Monsalve que tiene la elegancia de mover los espacios musicales con juventud y la formación que ha recibido en Valladolid, Madrid, Huelva o Gante. Mi admiración y gratitud por ver cómo un escenario joven movía una gran masa de juventud para una causa noble en un viejo continente. Viejo continente que se merece también la frescura de un chotis, el zapateado de La Tarántula, y todo el colorido y señorío de una sólida agrupación que tuve el honor de presidir durante 15 años. Porque Amigos de la Zarzuela es mucho más que una agrupación lírica que sale airosa de sus intervenciones, puesto que en esta ocasión la generosidad se apuntaba con el resto de intérpretes que pensaban en que todos juntos, por África, podemos llevar cultura, alegría y pan a Sudán.
Mi afecto por el maestro Monsalve me viene dado de antiguo por el buen trato que me ha dispensado siempre su familia. Éste adquirió mayor solidez cuando juntos recibimos el encargo de escribir el Himno de la Coronación de la Virgen de las Angustias. Ello nos permitió la ilusión de iniciar nuevos proyectos. Por ejemplo la realidad que supone haber trabajado conjuntamente en un oratorio titulado «Natividad», en el que mis modestos versos darán cuenta de ese acontecimiento que fue puesto en boca de Isaías cuando anunciaba al pueblo de Israel, en plena cautividad, el nacimiento del Mesías. El público ya está esperando su estreno.
Toda la labor de Harambee es merecedora de nuestra más cordial enhorabuena y felicitación, y mucho más el poder llevar generosidad a países en subdesarrollo. Pues, como afirmara Hipócrates: «trabajar con hambre no es bueno».
|