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Una vez más la generosidad vallisoletana ha dado una respuesta positiva a un llamamiento juvenil a través de la música, en la Catedral vallisoletana.
Ha de ser Cáritas la receptora de esta magnánima actuación que ha puesto de relieve no sólo la necesidad del momento en nuestra economía, sino el gesto solidario en orden a la afluencia de gente que llenó totalmente la Catedral vallisoletana. Y todo ello bajo la experta y juvenil batuta del maestro Ernesto Monsalve, quien con la vitalidad propia de su juventud fue capaz de reclutar a más de 140 músicos, que entre orquesta y coro permitieron poner sobre la mesa de la generosidad a Salieri, Mozart y Bizet. La respuesta del público fue adecuada a ese gesto que analizo con profunda admiración y respeto. No es normal que en los tiempos que corren pueda un joven de 24 años sentar en el atril y ante un pentagrama a cerca de 70 músicos de entre 14 y 30 años, de distintas regiones de España, para que sin más retribución que la satisfacción del deber cumplido, con entusiasmo y tesón, acudan a la ciudad del Pisuerga para interpretar un escogido repertorio secundado por la laureada Coral Valparaíso. Y menos aún, que ese mismo joven sea el cabeza de toda la organización y de las partes artística, cultural y solidaria.
De su proyecto, surge con belleza inigualable la suite nº 1 de Carmen, donde la antigua Bética y hoy Sevilla de todos los tiempos, nos hizo vibrar ante su perfume y su canto, su color y su aroma, su luz y su silencio, su rezo y su saeta, su cante jondo y su jazmín, por lo que el albero y la sangre taurina se mezclaron como una mítica historia ante la marcha de Les Toreadors con lo cual se cerró la primera parte del concierto, con la gran ovación que obligó a saludar reiteradas veces al director y a la orquesta.
Sin dar tregua a la fatiga, en la segunda parte surgió el Réquiem en re menor de Mozart. Toda la fuerza coral bien secundada por la orquesta, nos puso en pié de trascendencia ante el sentido católico de la muerte de quien era capaz de entender el momento sublime de la perenne eternidad. Pocas veces el Requiem Aeternam tiene mayor eco que bajo la pétreas arcadas herrerianas donde el descanso eterno viene a colmar esa circunstancia tremenda que culmina su grandiosidad musical con Lacrymosa, para dar brío al Lux Aeternam que cerró esa parte patética y solemne de una misa de difuntos. Misa que sirvió de catafalco a esos sarcófagos regios que no en pocas ocasiones fuera despedida solemne y cristiana de grandes monarcas y emperadores. Emoción contenida en ese numen musical que hizo de Mozart el gran creador de sonidos que incluso a Napoleón sirvieron de mortaja para pasar al Panteón de Los Inválidos.
Y con las dos obras de Antonio Salieri, que abrían y cerraban el acto, se orquestó bellamente el nombramiento de socios de honor de Juan Carlos Pérez de la Fuente y de la concejala Mercedes Cantalapiedra que, con gran acierto, utilizó las frases del músico italiano «primero la música y después las palabras» para agradecer el reconocimiento que se les tributaba.
Un lugar: la Catedral; un objetivo: la juventud al servicio de Cáritas; un éxito: el Valladolid en la seo catedralicia como justificación a una necesidad perentoria. Godofredo Garabito y Gregorio Escritor y Literato, Académico de la Real Academia de Bellas Artes Cronista y Crítico Artístico de COPE, "El Norte de Castilla (1978-1992)" y El Día de Valladolid (1999-actualidad)" Premio Nacional de las Artes Consejero de Cultura de la Diputación de Valladolid Presidente de honor de la Unión Artística Vallisoletana, de Amigos de la Zarzuela y de Coral Vallisoletana Pregonero de la Semana Santa de Valladolid, Medina del Campo, Zamora, Medina de Ríosecto, Etc.
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